Estambul es olor, es bullicio, es regateo,
asediada por todo Dios, ahora de los turcos de Nihat y compañía,
es una megalópolis mayor que el monopoly yo diría,
donde las Mezquitas no están en venta, sí los Lokum y el Kebab de cordero.
Operación triunfo ha llegado al Cuerno de Oro,
los almuecines ensayan de minarete a minarete,
Jesús Vazquez desde Chueca es quien nomina,
y Risto desde el puente Gálata es quien monta el pollo.
Y es que en la capital del imperio Otomano,
la música y el raki se saborean en los meyhanes,
mientras comes, bailas, mientras bebes, saltas y cantas si te la sabes,
y luego buscas la calle Istiklal para agarrarte una 'turca' de campeonato.
Sus bazares son pequeñas encrucijadas a donde no llega Google Maps,
es como Internet, si algo no está allí es que no existe,
te dicen Kaixo, piropean a tu mujer, pero su mirada es algo triste,
son mercaderes, tú te crees listo pero ellos lo son más.
Y qué decir de sus Mezquitas, lugar de culto multicultural,
y qué decir de los baños turcos, te canean pero incluso te llegan a gustar,
y qué decir de la comida, el yougurt y la pita son un manjar,
y qué más decir de Estambul, ciudad viva atemporal.
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1 comentario:
Existen tantas Estambules como ojos que la observan y admiran...Las formas y colores cambian según el prisma que se interpone entre el observador y el objeto observado. Hoy he descubierto un nuevo Estambul a través de tu mirada...
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